Fecha: 18 de diciembre de 2017 | 4:41 pm

Argentina “cajonea” atender la hepatitis C

Argentina “cajonea” atender la hepatitis C

Al cajón el proyecto de ley para defender derechos de personas con VIH y hepatitis, personas con hepatitis C sin tratamiento y miles de argentinos sin diagnóstico.

Nuevamente cae un proyecto de ley ( ver aquí)  que defendía parte de los derechos para personas con hepatitis crónica.
Las hepatitis virales, que se estima afectan a 600.000 personas en la Argentina –con las graves consecuencias de complicaciones hepáticas, necesidad de trasplante y cáncer hepático–, no se consideran en nuestro país un grave problema de salud pública. Mucho menos se habla de los problemas sociales, laborales y familiares de estigma y discriminación que sufren las personas enfermas; tampoco se habla de que hoy acceder a la atención médica especializada, diagnósticos y tratamientos, para muchas personas a lo largo y ancho del país, es como ascender al Everest.

Conseguir un especialista, realizarse un estudio de diagnóstico para saber si hay daño en el hígado (fibroscan), lograr las autorizaciones para hacerse los estudios, trasladarse a otra provincia para hacerlos (no hay especialistas ni fibroscan en todas las provincias), el tiempo, los permisos en el trabajo y el dinero que esto implica son parte de las dificultades con las que se encuentra la persona enferma.

La buena noticia de los últimos tiempos es que la hepatitis C se cura, y si se descubre cuando ni imaginamos que podemos tenerla, tomando tres meses unas pastillas, no tendremos consecuencias ni otros problemas derivados de esta enfermedad.

La mala noticia es que casi nadie pide que le hagan el test de hepatitis C, casi ningún médico clínico en el país ofrece hacer el test, entonces la mayoría de las personas detectadas llegan al diagnóstico con síntomas y, si bien se curan de la hepatitis C, deben sobrellevar muchos problemas de salud de por vida a causa de la detección tardía.

Otro problema grave es que si bien en nuestro país hay tratamientos para hepatitis C de última generación para todos los genotipos y a todos los precios accesibles, cuando la persona enferma de hepatitis C tuvo la suerte de ser diagnosticada a tiempo (F0, F1, F2) le niegan el tratamiento ¡porque no está en estado grave! Incongruencias de nuestro sistema de salud.

Es evidente que la disponibilidad de tratamientos no es un problema en nuestro país, si sumamos la donación de 1000 tratamientos de la Fundación Messi , más la licitación  para comprar 1000 tratamientos que hizo el Ministerio de Salud hace ya dos años… tratamientos hay. Aunque claro, aún no está liberada la licitación; actualmente “duerme” en la ANMAT y lo peor es que por esta demora excesiva, el Ministerio tuvo que salir a hacer compras directas de urgencia derivadas por los reclamos de pacientes de la sociedad civil. Compras de urgencia, que en el caso del Entecavir para hepatitis B, tardó varios meses y tuvieron que ofrecer Tenofovir para que las personas no cortaran el tratamiento.

Creemos que el Ministerio de Salud de la Nación no llega a dimensionar el problema de salud pública que significa no atender la problemática de las hepatitis B y C. Tenemos un Programa Nacional que coordina a nivel país el máximo de atención y acceso que hoy pueden brindar, el Programa funciona dentro de la Dirección de SIDA que le hace un espacio junto a otros programas como el de tuberculosis y enfermedades de trasmisión sexual. Si consideramos que en la Argentina se estima que hay 120 mil personas con VIH y 600 mil con hepatitis C, ¿el Programa de Hepatitis no debería tener mayor relevancia? En la Dirección de SIDA trabajan 100 personas y en el Programa de Hepatitis sólo seis.

Tampoco la Dirección de SIDA y Hepatitis puede por sí misma ampliar los criterios de inclusión para mejorar el acceso a tratamientos para hepatitis C, lograr que se libere la licitación, ni que se realice una campaña nacional sistemática de detección en centros de salud. Todo eso depende de Secretarías y Subsecretarías de Programas Sanitarios y en última instancia del ministro de Salud, Prof. Dr. Adolfo Rubinstein.

Es a él, el ministro de Salud de la Nación, a quien le hemos solicitado una audiencia no sólo para contarle todos estos problemas, sino para ofrecer nuestra cooperación desde la sociedad civil, como lo venimos haciendo desde hace 17 años; por el momento muy atentamente nos llaman desde hace 10 días periódicamente para comunicarnos que nuestra solicitud será atendida y está en proceso. Esperemos que no sea “cajoneada”.

María Eugenia de Feo Moyano

Fundación HCV Sin Fronteras

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